Internacional.- Hay términos que parecen indisolublemente unidos, por su propia idiosincrasia, por particulares mecanismos mentales o por tópicos muy arraigados. Quién no ha asociado el verano con las vacaciones o la puntualidad con los suizos; quién no ha elogiado la fidelidad de los perros o ha encomiado la bravura del toro; quién -en el caso de los muy blancos– no cree, en fin, que Champions y Real Madrid son prácticamente sinónimos.
Jubilación y planificación son -o deberían ser- dos de esas palabras que están llamadas a entenderse. Planificar la jubilación, y hacerlo con criterio, es esencial para asegurar una estabilidad financiera en el futuro. Aun así, los datos revelan que, en materia de jubilación, la improvisación le va ganando el pulso a la planificación.
La última encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre jubilación y pensiones revela que 7 de cada 10 entrevistados no están planificando su retiro, y no lo están haciendo por causas muy diversas: desde afrontar otros gastos que tienen prioridad (un 20%) o no tener ingresos suficientes para ahorrar (otro 20%), hasta quienes estiman que es demasiado pronto para pensar en su jubilación (15%).
Aun así, la mayoría ve muchos nubarrones en su horizonte financiero futuro: el 35% de los encuestados cree que la pensión pública no le llegará para terminar el mes, y hasta un 12% estima que cobrará menos de la mitad de su salario actual.
Cuando hablamos de pensión pública, ¿de cuánto dinero hablamos exactamente? Depende. Como recuerda la página web de la Seguridad Social, las pensiones contributivas se revalorizan anualmente en función de la variación interanual del IPC en los 12 meses previos. Con la subida registrada este año, la pensión media de jubilación consignada por la Seguridad Social en agosto fue de 1.444,27 euros.
Pero esa es la media. En 2024, la pensión mínima contributiva asciende a 11.552,80 euros al año (para quienes han cumplido ya los 65 años y no tienen cónyuge), de forma que cobran 825,20 euros mensuales en 14 pagas; y es menor aún para los pensionistas menores de 65 años que no tienen cónyuge: solo perciben 722 euros al mes. Si el pensionista tiene al cónyuge a su cargo, la prestación mínima se eleva hasta los 1.033,30 euros al mes y, si tiene pareja, pero esta no depende de él, la pensión se queda en 783,30 euros mensuales.
La encuesta de la OCU cifra en unos 400 euros la pérdida media entre el último sueldo y la primera pensión, y constata que la mayoría de los entrevistados ve necesario complementar su pensión con una fuente de ingresos adicional. Como su propio nombre indica, el plan de pensiones es la alternativa más habitual.
Un plan de pensiones no es otra cosa que un producto de ahorro a largo plazo, cuyo objetivo es generar una hucha (en forma de capital o de rentas). A grandes rasgos, estos planes pueden ser individuales, de empleo (los promueven las empresas) o asociados (de sindicatos o asociaciones). Según Banco Santander, es una alternativa de inversión “fiable, segura y transparente, que permite planificar una estrategia de ahorro a largo plazo, estableciendo un ritmo de aportaciones periódicas”.

