Por cada fractura de cadera que termina en una cuenta hospitalaria de seis cifras, existe un resbalón que pudo haberse evitatedo con una inversión mínima. Los datos clínicos y económicos revelan un error sistémico en los hogares del país: el equipar la casa solo cuando la ambulancia ya va en camino.
El piso mojado, la falta de una barra de apoyo y una regadera resbaladiza convierten cada mañana en un escenario de riesgo. Millones de adultos mayores realizan diariamente el gesto más peligroso de su rutina, que es bañarse. No se trata de una exageración, sino de un problema de salud pública y de finanzas personales que merma directamente el patrimonio de las familias mexicanas.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud calcula que 684,000 personas mueren al año a causa de caídas, convirtiéndolas en la segunda causa mundial de muerte por lesión no intencional, ocurriendo más del 80% de estos decesos en países de ingresos bajos y medios como México.
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En Estados Unidos se estima que ocurren 235,000 lesiones al año atendidas en urgencias por accidentes específicos en el baño, donde el 81% son caídas y la tasa de lesiones junto al inodoro pasa de 4 por cada 100 mil en jóvenes a 267 por cada 100,000 después de los 85 años. En el contexto nacional, el ISSSTE señala que entre el 30% y el 50% de los adultos mayores sufren una caída al año y hasta una cuarta parte de estos incidentes termina en fractura. Asimismo, diversos estudios indican que el 47.8% de los adultos mayores de 65 años había caído en los seis meses previos, ocurriendo el 75% de estas caídas dentro de casa y concentrando el baño cerca del 12% de los incidentes.
El patrón que observamos es que la prevención llega dictada por la urgencia. Cerca del 10% de las familias se acercan a buscar soluciones de movilidad inmediatamente después de que el adulto mayor sufrió una caída en casa. Aproximadamente el 39% de los hogares señala que el equipo de seguridad para el baño sigue siendo su “necesidad pendiente”, señaló Alejandro García del Bosque, CEO de Andafacil.
El contraste de costos entre la prevención y la atención médica de emergencia resulta contundente. De acuerdo con Andafacil, empresa dedicada al sector de la movilidad en México, la prevención mediante el equipamiento básico de un baño que incluye silla de baño básica, andadera que funciona como asiento de ducha y barra de sujeción tiene un costo aproximado de $3,500 pesos.
En contraste, en el sector público, tomando como referencia datos del IMSS, una atención de urgencias de segundo nivel ronda los $3,111 MXN, un día de hospitalización regular $15,764 MXN, una intervención quirúrgica base $36,144 MXN y un día en terapia intensiva asciende a $82,158 MXN. Por su parte, en el sector privado el impacto es aún mayor, pues una sola operación de cadera supera los $200,000 MXN y puede rebasar los $250,000 MXN si existen complicaciones.
Las consecuencias de este tipo de accidentes se extienden mucho más allá de la atención médica inmediata. Datos de la International Osteoporosis Foundation indican que un año después de una fractura de cadera, el 40% de los pacientes no logra caminar de forma independiente y el 60% requiere asistencia constante.
Modificar un baño cuando el adulto mayor todavía camina con seguridad es la única estrategia financieramente para envejecer en casa sin que las cartera propia y de familiares se vea en complicaciones”, añadió Alejandro García del Bosque, CEO de Andafacil.
En términos financieros para las familias, esto significa contratar cuidadores de jornada completa con costos de entre $12,000 y $24,000 MXN mensuales en la Ciudad de México, o enfermería titulada por un costo de $18,000 a $36,000 MXN mensuales. A pesar de estas cifras, las encuestas post-compra revelan que 8 de cada 10 adquisiciones de equipo de seguridad son realizadas por familiares, como hijos o nietos, únicamente después de que el accidente ya ha ocurrido.
