Internacional. – El candidato está dando paso, semana a semana, al presidente. Es una metamorfosis relativamente sutil, pero perceptible, especialmente en el ámbito internacional.
La marca Trump, como no podía ser de otra manera, no se va a medida que se acerca la fecha de toma de posesión, pero se despliega de diferentes formas en este especial contexto postelectoral con sabor a hibernación del poder.
El sábado, en París, por ejemplo, las cámaras, casi todas enfocadas sobre Donald Trump a pesar de que la representante oficial de Estados Unidos fuera Jill Biden —su esposo, el todavía presidente Joe, optó por no cruzar el Atlántico para la reinauguración de la catedral de Notre Dame, años después de aquel incendió que dejó unas imágenes surreales—, nos regalaron nuevos clips de sus ya famosos apretones de mano con Emmanuel Macron. Durante unos cuantos segundos, en la explanada frente a la otra-vez-majestuosa iglesia, y también frente al Eliseo, Trump zarandeó el brazo del presidente francés y luego lo jaló a su pecho.
En el mundo Trump, la demostración de dominación pura, el macho alfa reclamando su control. A su manera, con este gesto que se conoce de sobra es absolutamente medido y con un telón de fondo icónico, Donald Trump le ha dicho al mundo: “He vuelto”.

