En las barriadas de Caracas, las ‘motopiruetas’ han emergido como una práctica popular y peligrosa, convirtiéndose en una especie de deporte nacional promovido por el gobierno de Nicolás Maduro. Estas acrobacias en motocicleta, que implican maniobras arriesgadas, son especialmente comunes en sectores de bajos recursos.
En El Valle, al suroeste de la ciudad, se observa una convivencia singular entre la clase media y comunidades empobrecidas. Los residentes de edificios de concreto armado en la Avenida Intercomunal coexisten con las casas autoconstruidas en los cerros. Este área, que alguna vez fue un foco de criminalidad dominado por mega-bandas, ha visto una notable disminución de la violencia gracias a las intervenciones policiales y a la migración de delincuentes debido a la crisis económica.
Sin embargo, la actividad de los motopirueteros ha tomado fuerza, apoyada por el Estado y una división especial de la Policía Nacional Bolivariana, creando una red de activistas en torno a esta cultura. Aunque la delincuencia ha disminuido, las ‘motopiruetas’ representan un nuevo fenómeno que refleja tanto la lucha por la identidad juvenil como los desafíos socioeconómicos en Venezuela.

